Flechas
Las Flechas son la facción más despiadada y disciplinada de toda la Tierra Baldía. Gracias a su amplia experiencia militar, son estrategas hábiles, pero las alianzas y las relaciones amistosas no les interesan.
A las Flechas les importa una sola cosa por encima de todo: el dinero.
Ayudarán con gusto tanto a los habitantes de la ciudad como a la gente de la Tierra Baldía, pero solo por el precio adecuado.
Las Flechas en el mapa

Base de las Flechas

Historia de las Flechas
Hábiles y de sangre fría.
Gente para la que la palabra «principio» pierde todo su sentido en cuanto entra en juego el «dinero».
En otro tiempo fueron miembros de la compañía militar privada Arrows.
Ahora son, simplemente, las Flechas.
Antes del apocalipsis, sus servicios tenían una gran demanda tanto en Estados Unidos como en el extranjero. Participaron en numerosos conflictos armados, acumularon una amplia experiencia de combate y aprendieron a desarrollar estrategias militares eficaces.
Los mercenarios pasaron el final del verano de 2012 en una vieja casa de campo de la zona de Grapeseed que pertenecía al comandante de la unidad.
Estaban descansando y recuperándose tras un largo despliegue durante la batalla de Damasco.
Los soldados de fortuna pensaban quedarse en Grapeseed hasta el invierno, pero sus planes saltaron por los aires con la explosión en Human Labs.
La explosión se produjo mientras se relajaban en el patio trasero, haciendo una barbacoa y escuchando música.
Poco después del incidente, el comandante recibió la llamada de un viejo amigo de la Guardia Nacional con una oferta muy tentadora.
La paga era lo bastante generosa como para que la unidad interrumpiera sus vacaciones durante un breve tiempo.
El objetivo era sencillo:
proteger el paso por Lago Zancudo de un ataque armado.
Según la información que les dieron, se esperaba un ataque contra un convoy que evacuaba a los pacientes de un hospital psiquiátrico tras la explosión.
No se les facilitó ninguna información más.
No les dijeron cuántos atacantes esperar, qué tipo de armas podrían tener ni qué había pasado exactamente en Human Labs.
Sin embargo, en aquel momento el comandante de Arrows no vio nada sospechoso en la falta de información.
Ya habían trabajado muchas veces con la Guardia Nacional.
Una de las principales razones por las que el gobierno los valoraba era sencilla:
cumplían sus encargos con eficacia y no hacían preguntas innecesarias.
La paga era excelente y la tarea en sí no parecía especialmente difícil, sobre todo teniendo en cuenta que la zona que debían proteger estaba a solo quince minutos en coche.
Quedaba más de una hora para el inicio previsto de la misión.
La unidad reunió las armas y el equipo necesarios y se dirigió hacia Lago Zancudo.
Conocían bien el terreno, así que ocuparon rápidamente posiciones ventajosas y montaron un pequeño puesto avanzado.
Al cabo de un rato, por fin vieron acercarse lo que parecía un vehículo de escolta.
Sin embargo, en lugar de los cinco vehículos militares esperados, solo había uno.
Daba violentos bandazos de un lado a otro hasta que acabó volcando justo al lado del puesto.
Varios mercenarios corrieron hacia el vehículo para sacar a los heridos.
Mientras intentaban ayudar, un hombre con uniforme militar se abalanzó de repente y mordió a uno de ellos en el brazo.
El mercenario herido dejó inconsciente al soldado enloquecido con la culata de su arma, lo ató con una cuerda y se vendó rápidamente la herida.
Poco después, apareció a lo lejos una gran multitud que corría directamente hacia ellos.
Cuanto más se acercaban, con más claridad podían verlos los mercenarios.
Ninguno parecía llevar armas.
Lo primero que pensó el comandante fue que podían ser atacantes suicidas.
Pero había algo profundamente antinatural en su forma de moverse.
El comandante gritó a la multitud que se detuviera.
Esperó varios segundos antes de disparar al aire como advertencia.
No se detuvieron.
El comandante dio la orden de disparar a matar.
Aunque la posición defensiva estaba bien elegida, la multitud parecía no tener fin.
El combate duró solo unos treinta minutos, pero fue tan intenso que la unidad quedó enseguida al borde del agotamiento.
El comandante se acercó despacio a varios de los cuerpos y los examinó.
Al instante, un sudor frío le recorrió la espalda.
Aquella gente parecía más bien animales enfermos de rabia.
Su piel tenía un tono verde amarillento antinatural.
Sus ojos estaban turbios, como los de un cadáver en descomposición.
Algunos incluso tenían espuma alrededor de la boca.
Nunca había visto nada parecido.
El comandante indicó con un gesto a sus hombres que subieran a los vehículos y llamó a su amigo de la Guardia Nacional.
El hombre no contestó hasta el tercer intento.
Cuando el comandante le exigió, furioso:
«¿Qué demonios está pasando aquí?»
la única respuesta que recibió fue:
«No te pagan por hacer preguntas.»
La llamada se cortó justo después.
Esa noche, mientras la unidad cenaba y comentaba a voces lo ocurrido, se dieron cuenta de que el hombre al que habían mordido tenía muy mal aspecto.
Su cara se había vuelto extremadamente pálida.
Tenía los ojos rojos.
Apenas se movía.
Se limitaba a mirar fijamente su filete sin parpadear, balanceándose suavemente de un lado a otro.
Apenas pasaron un par de minutos desde que los miembros de Arrows fijaron su atención en él cuando, de repente, soltó un gruñido amenazador y se abalanzó sobre uno de sus compañeros.
Lo dejaron inconsciente rápidamente de un golpe en la cabeza con una silla.
Después lo ataron a esa misma silla.
Los miembros de la unidad estaban profundamente perturbados por lo que estaba ocurriendo.
El comandante agarró el teléfono, furioso, y volvió a llamar al mismo número.
Los tonos parecían no acabar nunca.
Nadie contestó.
Ni la primera vez.
Ni la segunda.
Ni en ninguno de los intentos siguientes.
Poco a poco, la verdad empezó a aclararse.
Una explosión en un laboratorio conocido en ciertos círculos por realizar experimentos inhumanos.
Una multitud enloquecida.
Un comportamiento que parecía contagioso.
Todo se parecía demasiado al comienzo de una película de apocalipsis zombi.
Sus sospechas se confirmaron con un breve reportaje en la televisión.
El comandante decidió de inmediato que la unidad permanecería en la casa hasta que la evacuaran.
Hasta entonces, la finca sería su fortaleza.
Esa misma tarde reforzaron la valla con todos los materiales que pudieron encontrar.
Más tarde, esa noche, dos miembros fornidos de la unidad bajaron a su antiguo compañero al sótano.
Antes de hacerlo, se cubrieron cada parte expuesta de la piel con tela gruesa y la envolvieron en varias capas de cinta americana para protegerse aún más.
El infectado ya no era su amigo.
Ahora era una amenaza para la supervivencia de toda la unidad.
Mientras uno de ellos le sujetaba una almohada sobre la cabeza, el otro sacó una Glock 19 de la funda y le disparó una bala directamente al cráneo.
Esa misma noche lo enterraron bajo un árbol del patio trasero.
Dos días después de la explosión, tres vehículos militares llegaron a la casa de campo.
Entre los visitantes inesperados estaba el viejo amigo del comandante de la Guardia Nacional.
Si alguien tan importante venía en persona, la situación era sin duda grave.
Ofreció a la compañía militar privada otro contrato remunerado.
Ayudarían a la Guardia Nacional a proteger la ciudad, porque los dirigentes del país habían decidido separar San Andreas del territorio infectado construyendo un enorme Muro.
A cambio, recibirían una paga generosa.
El comandante aceptó con una condición:
una vez terminada la construcción del Muro, él y sus hombres serían evacuados al interior de la ciudad.
Así pasaron los dos años siguientes.
Arrows trabajó junto a la Guardia Nacional, protegiendo a simples obreros de las oleadas de zombis que los atacaban durante la construcción del Muro.
Cuando se terminaron las últimas obras del proyecto, a la unidad le dijeron que esperara varios días mientras se aprobaba oficialmente su evacuación a la ciudad.
Pasaron varios días.
Luego una semana.
Luego un mes.
Nunca llegó ninguna respuesta.
Al final, no vieron ningún motivo para seguir esperando.
Ese fue el punto de inflexión en su historia.
Habían sido gente que trabajaba casi exclusivamente para el gobierno.
Gente que había confiado en él.
Aquella versión de Arrows ya no existía.
Ahora solo quedaban las Flechas:
gente dispuesta a hacer lo que fuera necesario para sobrevivir.
Gente dispuesta a ayudar a quien más pagara.
A partir de ese momento, los principios dejaron de significar nada para ellos.
Solo importaba el beneficio propio.
¿Qué otra cosa se podía esperar de un mundo que se ahogaba en el Apocalipsis?
Diez años después de la explosión en Human Labs, las Flechas siguen ofreciendo sus servicios como mercenarios de gran experiencia.
Sin embargo, debido a lo que vivieron mientras sobrevivían al Apocalipsis, ya no limitan sus servicios a las organizaciones gubernamentales.
Rasgos distintivos
Las Flechas tienen varias características reconocibles:
uniformes militares estrictos de color caqui, el pelo bien recogido o cuidadosamente peinado y el uso frecuente de expresiones y citas militares al hablar.
Rasgos únicos y comportamiento
Las Flechas no pueden formar alianzas con otras facciones, porque para ellos el dinero siempre va primero.
Sin embargo, como mercenarios profesionales, pueden firmar contratos con otras organizaciones, incluidas las agencias gubernamentales.
Tipo de comportamiento: neutral.
Datos curiosos
Bajo uno de los árboles de la base de las Flechas se encuentra la tumba de un mercenario que se infectó tras recibir un mordisco durante su misión el primer día del apocalipsis.
En un principio, a las Flechas se les encargó vigilar la ruta por la que debían evacuarse los pacientes del hospital psiquiátrico, las mismas personas que más tarde se convertirían en los Saqueadores.
